Berenice Núñez de Guerrero: ejemplo de disciplina y carácter

Por: José Fernando Yepes Velásquez

Berenice Núñez de Guerrero en el Club Campestre de Bucaramanga

Berenice descubrió el golf en 1981, animada por Efraín, su esposo. Recuerda esos primeros días, cuando compartía con Nelly de Rodríguez, su primera partner, quien no solo la acompañó a tomar sus primeras clases con el profesor Luis Leal, sino que también le presentó a su grupo de amigas golfistas. A partir de allí comenzó a escribirse una hermosa historia de amistad, camaradería y buenos momentos.

Llegar a los 87 años, siendo la jugadora más longeva del Club Campestre de Bucaramanga, deja algunas enseñanzas, pero, sin duda, la principal es que no hay límite de edad para hacer deporte. Esa mentalidad se refleja también en la forma en que visualiza el golf: algo que se puede disfrutar sin el afán de ganar una copa y sin preocuparse por el score de los demás. Claro que el golf le obsequió una linda recompensa: lograr un «hoyo en uno» en el emblemático hoyo 16 del Campestre, pegando con la madera 5, su favorita.

Pero, además, Berenice convirtió el golf en un estilo de vida, una actividad que le permitió crecer como mujer íntegra y como profesional. Nació en El Espinal (Tolima) y cursó la carrera de Ingeniería Civil en la Universidad Nacional, donde fue la tercera mujer egresada de esa facultad en Colombia. Trabajó para algunas firmas de ingeniería en Bogotá y se radicó definitivamente en Bucaramanga, donde trabajó en varios proyectos para la Constructora Urbanas.

Al compartir nuestra charla, aflora su carácter y su determinación para hacer las cosas. Esa determinación de quien no se detiene ante nada para lograr sus sueños le permite aún conducir, ejercitarse diariamente, mantenerse actualizada en tecnología, manejar las aplicaciones de su móvil y asesorar a su hija Liliana en aspectos financieros. Por eso, su familia y sus amigos la describen como una luchadora que ayudó a formar el carácter de sus cuatro hijos: Fernando, Olga Patricia, Liliana y Efraín.

Confieso a los lectores que he redactado esta nota con una mezcla de emoción y sentimiento. Berenice fue una de las mejores compañeras de juego de mi madre, Amparo, quien, junto a otras mujeres entrañables, integró el grupo de las «señoras de los jueves». Por eso, en nuestras vidas siempre estuvo presente ese día de la semana cuando, a partir de las 12:30 p. m., el campo de golf se llenaba de alegría con la salida de varios foursomes. ¡Fore, fore!