ANDREA CATALINA MARTÍNEZ
Decana Fac. Economía y Negocios
Universidad Autónoma de Bucaramanga
Como investigadora de temas empresariales, he sido testigo de una verdad incómoda: no solo existe un problema para encontrar talento en cargos operativos y administrativos sino que, peor aún, es difícil encontrar verdaderos líderes. La consultora Gallup estima que la alta rotación de empleados le cuesta a la economía global hasta 9,6 billones de dólares anuales en productividad perdida (cerca del 9% del PIB mundial). Alrededor del 70% de esa alta rotación se explica por una sola figura: el jefe directo.
En medio de esta situación, las economías avanzadas han optado por un liderazgo centrado en las personas. El último informe de “Tendencias Globales de Capital Humano” de Deloitte muestra que las organizaciones que logran equilibrar los resultados de negocio con resultados humanos como bienestar, aprendizaje y equidad tienen casi el doble de probabilidad de alcanzar sus metas.
¿Y qué hay de Colombia? La conversación sigue moviéndose en medio de la retórica motivacional y el desarrollo de talleres de liderazgo que poco avanzan en el desarrollo de las capacidades. Un estudio del Departamento Nacional de Planeación muestra que las prácticas de gestión de las empresas nacionales tienen una evaluación promedio de 2,57 similar al de países mucho más pobres. Sin embargo, al indagar con los propios gerentes acerca de cómo se autoevalúan, el puntaje es de 3,76. Esta diferencia entre percepción y realidad es muy alta. Creemos que lideramos bien, pero los datos dicen otra cosa.
Sumado a ello, la confianza en las instituciones es frágil. La encuesta de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) sobre los motores de la confianza revela que solo un 32% de los colombianos confían en el Gobierno y el Congreso. Por esto, el giro que el país necesita es claro: pasar de iniciativas aisladas hacia un desarrollo sistémico del liderazgo.
Gremios como la ANDI se han enfocado en fortalecer las capacidades de gestión a decenas de directivos en compañías a nivel nacional. También, organizaciones como Aspen Institute y las universidades han trabajado de manera decidida por contribuir con soluciones a esta problemática. Pero hay que ir más allá. A nivel general, se debe integrar el liderazgo en la estrategia del negocio, en los sistemas de evaluación, en los procesos de selección y promoción y en la educación a nivel superior y tecnológico; además, debe ser una iniciativa que se promueva desde las políticas públicas relacionadas con productividad.
Para una ciudad como Bucaramanga, esto implica, por ejemplo: acceso a metodologías probadas de gestión, entrenamiento continuo en cómo dar retroalimentación, manejar el desempeño y cuidar la salud mental de los equipos, y que los incentivos reconozcan no solo el “qué” (las metas), sino el “cómo” (las conductas de liderazgo que construyen confianza).
Con el ánimo de formar líderes para nuestra región, nació hace cuatro años el programa LIDEREMOS: UN PROPÓSITO POR SANTANDER, gracias al apoyo de la Universidad Autónoma de Bucaramanga, la Cámara de Comercio de Bucaramanga, Prosantander, Cajasan y la empresa Fuller Pinto. Por este programa han pasado líderes santandereanos de distintos orígenes y provincias, que trabajan en organizaciones públicas y privadas.
Los casi 90 graduados del programa son una demostración de que hay talento regional y que se pueden fortalecer las capacidades de liderazgo. Este año LIDEREMOS realizará su cuarta versión y ampliará su área de trabajo, llevando sus acciones a otros escenarios para extender su impacto.
Más información en: lideremos@unab.edu.co
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