Pocas personas conocen el mundo del turismo de lujo desde dos orillas: quienes pasan veinte años diseñando experiencias para marcas de prestigio y quienes después ponen su conocimiento al servicio de otros viajeros. Adelaida González es una de ellas; ha trabajado en tres continentes y conoce los engranajes de los hoteles más legendarios de Europa.
Curiosamente, la historia de esta especialista en viajes no empieza en un hotel de cinco estrellas, sino que inicia en Bogotá a finales de los años noventa, cuando una joven santandereana ingresa a estudiar relaciones internacionales en la Universidad Externado y decide que el mundo es demasiado grande para conocerlo desde un solo lugar. Hace maletas y cruza el Atlántico rumbo a Sciences Po, en París. No lo sabe todavía, pero ese primer viaje marcará el rumbo de quien dos décadas después habrá dirigido las ventas de algunos hoteles emblemáticos del mundo, y hoy ayuda a otros viajeros a vivir la clase de aventuras que ella misma soñó.
Cursó un Máster en Estrategia en ESSEC Business School, y otro más en Hotelería en la Sorbona, una combinación poco común que terminaría siendo su sello personal. Adelaida no mira la hospitalidad solo como servicio, sino como una ciencia de la intuición: “entender lo que quiere un viajero antes de que él mismo lo sepa”.
Su carrera arrancó en la cadena Marriott, pero el giro decisivo llegó en 2007, cuando se convirtió en empleada fundadora de Oetker Collection, la marca detrás de hoteles prestigiosos como Le Bristol Paris y el Hotel du Cap-Eden-Roc. Durante siete años lideró las ventas para América Latina -un mercado que conocía por sus raíces colombianas- y acompañó su expansión en Sao Paulo, Courchevel en los Alpes y Londres.
Tras asumir la dirección de ventas de Le Bristol Paris en 2015, fue nombrada directora adjunta de ventas y mercadeo. Allí perfeccionó lo que hoy sigue siendo el centro de su trabajo: la relación con las grandes redes del lujo mundial -Virtuoso, American Express FHR, Serandipians, LHW- y la certeza de que
el verdadero lujo no está en el mármol ni en las hermosas vistas, sino en los detalles que nadie más nota.
Hoy esa certeza tiene un nombre propio: GANNET, la agencia boutique y de lujo con sede en Ciudad de México y Madrid. El nombre no es casual. El alcatraz, o “fou de Bassan”, es un ave capaz de atravesar continentes y sumergirse en el océano con gran habilidad. Esa combinación de amplitud y precisión es una de las ventajas para sus clientes: itinerarios a la medida, villas privadas fuera del circuito tradicional, inmersiones culturales limitadas y contactos adquiridos durante dos décadas de experiencia que abren puertas que normalmente permanecen cerradas.
Adelaida suele decir que el viaje a la medida no es una opción, sino una promesa. No lo dice como un eslogan, sino como una
convicción construida hotel tras hotel, viaje tras viaje. En sus palabras, diseñar un itinerario no es reservar vuelos y habitaciones, sino entender qué historia se quiere vivir, y luego abrir aquellas puertas que la hacen posible: una cena privada sin dirección pública o un lodge remoto que no aparece en buscadores. Algo que solo dan los años de confianza acumulada con la gente correcta.
Habla cinco idiomas (español, francés, inglés, portugués e italiano), una cualidad que le ha facilitado entender que viajar bien no es cuestión de destinos, sino de traducir deseos en experiencias, curiosidad en itinerarios y detalles en recuerdos. En el fondo sigue siendo la misma bumanguesa curiosa que un día decidió que el mundo merecía explorarse de cerca, solo que ahora acompaña a otros en este propósito.
La experiencia de viajar con GANNET se resume en una sola palabra: “armonía” que se traduce en un itinerario que nunca se siente forzado o un servicio que se anticipa antes de que haga falta pedirlo. No es magia, sino una simple convicción: “el lujo, finalmente, es tiempo bien vivido”.