Mahannah & Sáenz Constructores del campo de golf del Club Campestre de Bucaramanga

Por: José Fernando Yepes Velásquez / Especial para Amigos & Socios

Amigos & Socios presenta en exclusiva el relato detallado sobre la historia del primer campo de golf reglamentario que tuvo la ciudad, basado en testimonios, documentos originales y fotografías inéditas. El autor expresa su eterno agradecimiento a las señoras Alba Lucía y María Estelia Sáenz.

En Floridablanca, Santander, se encuentra uno de los campos de golf más importantes de Colombia, la cancha del Club Campestre de Bucaramanga, famosa por el verde eterno de sus caracolíes, acacias y jardines salpicados de lagos que obligan al jugador a pensar estratégicamente. Sus 6349 yardas, par 72, lo hacen perfectamente adaptable a cualquier hándicap.

El fairway del Campestre, con su emblemático hoyo 16, ha recibido torneos nacionales y abiertos internacionales. Por allí han pasado desde las jóvenes promesas del golf nacional de todos los tiempos hasta afamados profesionales Latinoamericanos, una historia que comenzó a escribirse a mediados del siglo XX cuando los directivos del Club bumangués decidieron trasladar las antiguas instalaciones a la Finca Cañaveral, donde hoy se levanta la imponente sede y el hotel. Detrás de la obra están el arquitecto Jaime Sáenz Botero y el diseñador norteamericano, Mark Mahannah Sr.

La unión de dos estilos

La sociedad Mahannah & Saenz nació en Miami a finales de 1950, probablemente en el Hotel Biltmore, donde Jaime Sáenz acostumbraba jugar golf junto a sus hijas Alba Lucía y María Cecilia.
Mark Mahannah por su parte, había sido el artífice de la restauración del legendario campo de Coral Gables y trabajaba para el Biltmore como superintendente. El gusto por el golf y la pasión por el diseño, acrecentaron la amistad de ambos arquitectos que compartían rondas con personajes como Charles de Lucca y Roberto de Vicenzo.

Según cuenta Alba Lucía Saenz, fue su padre quien le propuso al estadounidense la idea de asociarse para construir campos de golf en Colombia, donde la oferta de esta especialidad era limitada. Ella lo recuerda como un hombre de carácter sencillo y afable con las maneras típicas de los americanos de Florida.

La idea de Sáenz fue muy acertada, dado que Mahannah era ya una autoridad en la materia, al lado de otros grandes como Jack Nicklaus, Arnold Palmer, Gary Player y Lee Trevino. Mark Mahannah Sr. nació en Delta (Iowa) y se trasladó a Fort Lauderdale con su familia siendo muy joven. Antes de convertirse en proyectista y arquitecto de la Universidad de Florida, se desempeñó como matemático en la Armada de Estados Unidos y cartógrafo en el Servicio de Mapas de Washington. Diseñó su primera cancha en 1946 para el Boca Raton Hotel and Country Club y pronto se convirtió en uno de los principales diseñadores de canchas del Estado en el boom de la construcción de la posguerra.

Según la Sociedad Americana de Arquitectos de Campos de Golf ASGCA, de la cual fue miembro fundador, Mahannah diseñó y supervisó al menos 100 canchas en Estados Unidos, Japón, Taiwán, México, Canadá, el Caribe y Suramérica.
Era un especialista en crear paisajes más allá de la cancha misma. Siempre tuvo en mente lograr que la experiencia del golf fuera agradable para todos los niveles. Como fanático del match play, era esencial para él dar a los jugadores de alto y bajo hándicap una oportunidad justa de ganar cada hoyo. Esta misma idea la concebía para el juego de parejas aplicando la mentalidad de “equidad” en todos sus diseños. Su visión única de la arquitectura lo impulsó a conservar y aprovechar al máximo los obstáculos propios del terreno, una característica que lo diferenció de los demás diseñadores. En este sentido alguna vez declaró “…resulta triste decirlo, pero al final el arquitecto decide si un árbol se enaltece, se queda, o se tiene que ir”.

Jaime Sáenz: un arquitecto prolífico

El arquitecto Jaime Sáenz Botero, supervisa el avance de las obras.Al frente comienza a distinguirse el trazado y buena parte de los terrenos de la primera vuelta.

 

El primero en conocer el futuro fairway del Club Campestre fue Jaime Sáenz, quien había venido a Bucaramanga convocado por la Junta Directiva poco tiempo después de haberse concretado la compra de los nuevos terrenos. Su visita serviría para definir los detalles de la vinculación del diseñador Mark Mahannah.
El antioqueño siempre sintió una gran empatía por esta ciudad donde había ganado varios campeonatos de golf gracias a su excepcional nivel de juego. Sáenz fue uno de los mejores jugadores del país entre 1940 y 1950 siendo dos veces campeón del Abierto de Colombia. En la memoria de muchas personas perduran sus duelos frente a los jugadores capitalinos, Alberto y Fernando Gamboa, durante muchas finales en Bogotá, Cali, Medellín y Barranquilla, que los convirtieron en los principales animadores de las competencias.
Jaime Sáenz Botero nació en Medellín. Se graduó como arquitecto en Berkeley College (California) y dedicó buena parte de su vida la cultura. Su hija mayor María Estelia, lo describe como un hombre noble, honesto y sencillo, dotado de una especial sensibilidad para la pintura. De hecho fue un notable acuarelista, virtud que corría por sus venas pues provenía de una familia de artistas, entre ellos, el mundialmente famoso pintor y escultor Fernando Botero -su primo hermano-. También era fanático de la música flamenca que interpretaba magistralmente en la guitarra española. Otro de sus placeres fue la aviación, ya que siendo muy joven obtuvo la licencia de piloto aficionado para volar su propia aeronave entre Llanogrande y Medellín.

Inicia un gran sueño

Año 1964. El diseñador Mark Mahannah camina por el campo durante una visita de inspección. La imagen capta los terrenos que hoy ocupan los hoyos 17, 15 y 14. Al fondo se aprecian las obras de construcción de la sede social. Arriba a la derecha aparece la explanada que ocuparán las canchas de tenis.
Año 1964. El diseñador Mark Mahannah camina por el campo durante una visita de inspección. La imagen capta los terrenos que hoy ocupan los hoyos 17, 15 y 14. Al fondo se aprecian las obras de construcción de la sede social. Arriba a la derecha aparece la explanada que ocuparán las canchas de tenis.

 

Las obras comenzaron en julio de 1963. Según se puede apreciar en los registros de la época, la premisa era dotar de una mejor infraestructura deportiva y competitiva al golf bumangués y disponer además de una cancha a la altura de las mejores del país: “…el nuevo escenario deportivo debe promover la competencia y la armonía entre los jugadores con diferentes capacidades y habilidades, así mismo, dentro de los límites razonables, permitir a los golfistas de alto hándicap jugar con algunas ventajas”.

Primero se realizaron sobrevuelos para tomar fotografías aéreas que facilitaron dibujar del terreno con rotuladores. Después los constructores hicieron un recorrido general, con las fotografías y dibujos en mano para la ubicación estratégica del campo considerando la posición respecto de la sede social cuyas obras se adelantaban en paralelo. Adicionalmente se encargó un minucioso análisis topográfico sobre extensión, pendientes, requerimientos de juego, drenajes, grado de dificultad, pastos y otros detalles. De esta manera, con los planos correspondientes, Mark Mahannah realizó el diseño de los 18 hoyos considerando yardaje, fairways, tees, greenes, bunkers, rough y hazzard distribuidos para aprovechar la topografía presente.

Alba Lucía Sáenz recuerda que su padre siempre tuvo la firme convicción de que éste sería un campo de golf excepcional, dadas las condiciones del terreno y su riqueza hídrica. Hablaba con orgullo del proyecto como uno de los logros más importantes de su carrera y continuó elogiándolo años después por varias razones, entre ellas, que el Club Campestre había acertado en complementar la experiencia del golf con el servicio de hotel en las instalaciones al estilo de los mejores resorts del caribe, una característica que lo hizo único frente a otros clubes del país.
En sus apuntes hay referencias directas acerca del apego de su socio norteamericano por mantener intacto el terreno, respetando la fauna y la flora presente. Esto se evidencia en algunos lugares, especialmente en el hoyo 14, donde mantuvo el frondoso árbol que se alza en la mitad del fairway dificultando el acceso al green. Para la historia diremos que años después este espécimen fue bautizado por los golfistas del Campestre como “Don Ludo”.

La dupla de constructores trabajó de manera coordinada, Jaime Saenz se encargó de dirigir la totalidad de las obras, mientras que Mark Mahannah venía periódicamente desde Miami para supervisar los diseños. Para el perfeccionamiento de los greenes, por sugerencia directa del diseñador, se contrató a Mr. George Cox, quien había participado en la construcción de varios campos de golf de Florida.

El diseñador Mark Mahannah junto al green del hoyo 14 en construcción

 

Una de las características que distingue la cancha del campestre además de la arborización, son sus numerosos lagos artificiales. El responsable de ello fue Jaime Sáenz, quien como arquitecto conocía la importancia de garantizar condiciones permanentes de riego, como golfista buscaba crear mayor dificultad para sortear el trazado y como visionario consideraba el recurso hídrico como un factor de valorización de cualquier proyecto por la belleza que añade al paisaje.
La culminación de los 18 hoyos del Club Campestre a mediados de 1967, abrió las puertas para la llegada de competencias de mayor relevancia con la presencia de jugadores de gran prestigio.
El campo se inauguró oficialmente en 1968 con la realización de la Copa Colombia, el torneo más prestigioso del país, que fue ganado en la rama profesional por Rogelio González y en la rama amateur por Eduardo Álvarez.

Un dato importante a reseñar, se refiere a las modificaciones que muchos campos de golf sufren con posterioridad a su puesta en servicio. Dichas modificaciones obedecen a procesos de modernización, ampliaciones por compras de tierras o decisiones internas de cada institución. El Club Campestre no fue la excepción, ya que a lo largo de los años ha realizado algunos cambios al trazado. El más significativo ocurrió en la década de 1970 cuando las directivas, con el aval de la Federación Colombiana de Golf, decidieron reubicar la primera vuelta en su totalidad. En el diseño original el tee de salida del hoyo 1 se ubicaba donde hoy parte el hoyo 4, en contrate, el hoyo 1 actual era antes el hoyo 7.

Mahannah & Sáenz fueron artífices de la construcción de otros campos de golf del país, entre ellos, El Peñón en Girardot, la segunda vuelta del Club Campestre de Pereira, el Carmel Club y el Club La Sabana en Bogotá, entre otros, dejando su impronta en la historia del golf nacional.
Jaime Sáenz falleció en Miami el 21 de julio 1987 a la temprana edad de 64 años. Conservó siempre con orgullo la acción honorífica que le concedió el Club Campestre de Bucaramanga, como también atesoró el mejor de los recuerdos de la tierra santandereana.

Un detalle curioso acerca del proyecto, mezcla de leyenda y realidad, lo describe Alba Lucía Sáenz basándose en un comentario de su padre. Resulta que la grama del campo de golf del Club Campestre de Bucaramanga provino de semillas importadas desde Florida. Sin embargo, la expresión “importadas” se refiere a que tales semillas realmente llegaron a nuestro país en los bolsillos de sus seis hijos, pues estaba totalmente prohibido por la autoridades aeroportuarias ingresar con especies vegetales.

Share on facebook
Share on twitter
Share on whatsapp
Share on email